Conferencia
 
Al Andalus: meta o mito de Al Qaeda

 
 
Por: Tomás Navarro. Periodista.
 MADRID, 26 DE ABRIL DE 2007
 
 
Nadie puede negar la existencia de ocho siglos de presencia islámica en la península Ibérica. Desde el año 711 hasta 1492, éste país arabomusulmán de inspiración siria ocupó diferentes extensiones geográficas y, en el transcurrir de sus ocho siglos de vida, fue gestándose primero con la presencia del primer omeya y primer emir, Abderramán I "El Inmigrado". Se consolidó este iniciático emirato con Abderramán II y ya con el célebre Abderramán III "Al Nasir" tuvo posteriormente su zénit irradiante al proclamarse primer califa de Occidente.
Así en esta primigenia etapa, del 711 al 1036, Córdoba aparece ante los ojos del mundo como lo que fue; una gran capital para un gran Estado musulmán peninsular. Y éste espacio territorial se denominó Al Andalus. Bajo la égida del Califato de Córdoba, Al Andalus, aportó lo más variado y rico de su esencia mediterránea y poder continental a través de sus relaciones con la Europa cristiana y, a la vez, frente al norte de Africa y el Mediterráneo Oriental.
La historia, o mejor dicho las sorpresas de la historia misma, narran -más no explican- cómo desde la Arabia Feliz a mediados del siglo VI surge y se desparrama por el mundo conocido una visión espiritual de un único Dios que, articulado inicialmente bajo el patrón político-religioso y oral del profeta Mahoma, llega a dominar siglo y medio más tarde, con el Noble Corán en la mano, desde los Pirineos en Occidente hasta la frontera china por Oriente.
Su rápida expansión no explica por sí mismo este fenómeno y deja entrever que su insólita rapidez expansiva tuvo su explicación gracias a la doble crisis moral y política que las sociedades del momento padecíeron tanto en Oriente como en Occidente.
Es en este marco favorable donde, en Al Andalus, se forja la meta de un genuino país árabe incrustado en el sur de Europa que, tras su caída en Granada en las postrimerías del siglo XV, es también cuando se forja en igual medida el mito de toda su existencia.
Caído el Califato en 1032 y abolido en 1036 por los ciudadanos de Córdoba en un incipiente movimiento musulmán republicano, hartos y ofendidos hasta el límite por el interminable masbaha (rosario) de aspirantes a califas que necesitaban la resonancia (y saqueos) de Córdoba en sus postulados político-religiosos, es cuando los Muluk al Tawaif (Reinos de Taifas) imponen de iure y de facto su existencia.
Este nuevo y dividido mapa peninsular, donde ni cristianos hispanos en el norte, ni musulmanes hispanos por el sur, detentan la fortaleza de imponerse a todos los demás, inaugura hasta la fundación del Reino Nazarí de Granada en 1232, un turbuleto y agitado tiempo de luces y sombras hispanoárabes y arábigondaluzas, ya fuere en el campo de la cruz como en el de la media luna, que no íban a quedar circunscritas sólo a sus actores en la península Ibérica.
 
Si del conjunto de regiones remotas que, partiendo de Arabia, el islam recorrió vertiginosamente hubo una que lo fue aún más; el Norte de Africa. Desde el oasis de Siwa, en el extremo oriental del desierto líbico-egipcio y hasta el Magreb al Aksá (Marruecos-Mauritania) el islam lo cruzó en decenios, mientras que Roma, tardó siglos. Las razones de esta vasta ocupación en espacio y tiempo, aún hoy son objeto de intenso debate entre arabistas, orientalistas y académicos occidentales... Más lo cierto es que lo hizo. Sin embargo la arabización posterior al sometimiento al islam sólo triunfó en Al Andalus, mientras que de Marruecos a Libia este proceso quedó reducido a las capas aristocráticas musulmanas, siendo por tanto la mayoría de la población islamizada, más no arabizada, lo que dificultó (y mucho) el establecimiento incipiente de emiratos o sultanatos estables. Esta incapacidad político-religiosa, además, venía cainitamente envenenada gracias al establecimiento del Califato Fatimí (chií) en Egipto y, dentro del campo sunní la rivalidad califal entre la Córdoba omeyade y la Bagdad abbasída, donde también el imperio de Bizancio jugaba sus propios intereses geoestratégicos.
Así Al Andalus sobre todo en la época del "mayordomo de palacio" y general invicto, el amirí Al Mansur (Almanzor), intervino notablemente en el norte de Africa logrando frenar e interrumpir el flujo de propaganda chiíta-fatimí y a la vez evitar en la región alianzas proabbasidas.
Caído el Califato, con Al Andalus en fitna (guerra civil) y establecidos nuevos horizontes de crisis en el Mediterráneo Occidental, es cuando precisamente en el Magreb se produce la increíble ascensión de un morabito iniciático que desde Mauritania al Atlas predica la unión con Allah y el reencuentro y sometimiento de los musulmanes... Y lo consigue. Su nombre: Yusuf Ibn Tashufin. Su cargo, nada más y nada menos que el primer califa del Magreb y primer marroquí almorávide como tal. Estableció su capital en Marrakesh y, como en todo califato que se precie, irrumpió en la historia por expandir los dominios de los "musulmanes africanos" por el este magrebí (chií) y hacia el norte andalusí (sunní).
Tras la famosa batalla de Sagrajas (Extremadura), uno a uno fue incorporando Ibn Tashufin los emiratos andalusíes hijos de la fitna califal a su mapa central africano. El imperio musulmán y africano almorávid, sunnita "reislamizado" rigorista y rígido en común comunión con la más estricta ortodoxia coránica iba a reintroducir al islam hispano hacia los primeros tiempos del período de los gobernadores omeyas tres siglos antes. Y frente a los cristianos hispanos, reiniciar la yihad conquistadora que se difuminó al edificarse el Estado omeya andalusí.
Esta irrupción trastocó (pero no derrotó) la esencia práctica del islam andalusí que si bien quedó relegado políticamente por la furia islamista al campo de la "reeducación", la posterior caída y colapso de los almorávides y su sucesión, tambien peninsular por los almohades, fue ablandándose y terminó por diluirse ya entrado el siglo XII. El vacío peninsular provocado por la marejada magrebí le otorgó al campo hispano-cristiano más territorios peninsulares con el monarca Fernando III de Castilla y al arábigoandaluz rehacerse en las fronteras del Reino Nazarí de Granada con el sultán Ibn Alhamar. Tal como ambos pactaron y ambos respetaron.
De aquél pacto entre dos reyes hispanos de religiones y culturas en liza y convergentes, o no, a intervalos históricos en la península Ibérica, se llegó más tarde al pacto final que escenificó la firma capitular de la entrega de Granada, por Muhammad XII (Boabdil) a Fernando de Aragón e Isabel de Castilla en 1492. Este pacto capitular era un acuerdo mutuo rubricado en Santa Fe (Granada) por el cual el Reino Nazarí granadino (el último Al Andalus) se incorporaba a las coronas de Castilla y Aragón y donde éstos dos reyes se comprometieron a respetar los derechos de la población musulmana andalusí inscrita y descrita en las denominadas Capitulaciones de Santa Fe; unos derechos que fueron conculcados a sangre y fuego a partir de 1501 con la arribada a la ciudad de la Alhambra del cardenal Ximénez de Cisneros que diese paso a la famosa quema de miles y miles de libros religiosos, científicos y manuscritos escritos en árabe clásico en la hoguera que, a tal fín, mandó emplazar en la céntrica plaza de Bib Rambla. Luego ya vendrían las quemas de innumerables disidentes en la inmediata calle Oficios y un turbulento proceso de pogromo y sistemático acoso contra la mayoría étnica morisca del antiguo reino moro, como ya antes lo habían experimentado en sus propias carnes los propios judíos sefardíes... Y que terminaron con su expulsión final en el fatídico año de 1492. 
 
Oficialmente, o sea, históricamente y a muy grandes rasgos, les he expuesto un recorrido interpretativo por el alma medieval de lo que hoy reconocemos como Reino de España. Se evidencia que en los ciclos históricos, tanto como en los actuales, son los hechos y las personas las que han ido desgranando nuestro común patrimonio con moldes diferentes en su forja, pero con igualdad en la defensa de sus valores. En este sentido cultural, yo que soy andaluz, valoro (pero no asumo) la implantación neoconservadora cultural y política de un "modelo único españolista" que tiende a diferenciar para la desigualdad enfrentando para ello al islam con Occidente o al revés. Como granadino, a la hora de enfocar la vista de la Alhambra, siento que fue mi cultura andalusí las que me legó, para su conocimiento y disfrute, este sin igual conjunto monumental. Sin embargo, para otros, la Alhambra se entrevé como un genuino "botín de guerra" ya que: "los moros nos invadieron y cuando los echamos nos dejaron esto". Y si a esto le unimos la decisión real de quedarse para siempre en mi tierra a los reyes Isabel y Fernando, construyéndose todo un panteón en gótico florido (algo insólito en la historia medieval en Andalucía Oriental) de la magnífica altura artística de la Capilla Real granadina, es que sobre todo lo moro en este país hay aún tal grado de esquizofrenia frente a nuestro pasado medieval hispano-árabe que "aún no se sabe qué hacer con Al Andalus", tal como cita el excelente y prestigioso arabista español Pedro Martínez Montávez. 
Esta dual visión histórica, y actual que también pasaré a desgranar, sobre la herencia musulmana andalusí en España está siendo ahora mismo la cosmovisión interpretativa más sugerente y facciosa que circula por las mentes yihadistas en las dos caras del mundo en este tiempo presente. Desde luego que la más mediática, resulta la de Al Qaeda. Cada vez que se acuerda Ayaman al Zawahiri, lugarteniente de míster Laden, de Al Andalus simplemente lo difunde y en seguida aparece la cita desde el Faro de Vigo hasta isla Perejil. Para el Partido Popular español las enunciaciones de al Zawahiri siempre las utilizan como puro instrumento de erosión contra el Gobierno. Incluso un líder que dícese ser demócrata y cristiano, llamado Jaime Mayor Oreja, llamó a rebato conforme condenó al recientemente aprobado y nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía de servir "a una reentrada islámica en España". Más no se puede pedir ¿Habrá que trasladar la Alhambra piedra a piedra a Cangas de Onís por si acaso?
Es sintomática la enfermedad que anida en el primer partido de la oposición que, de entrada da crédito -tal como siempre realiza el señor Gustavo de Arístegui- a las afirmaciones invasoras de su partener Mayor Oreja o Javier Arenas y que, por contra, las directas amenazas de Osama Ben Laden vertidas contra la participación española en la invasión y aventura iraquí cuando ellos eran Gobierno de la nación, quedasen en aguas de borrajas. Esa actitud de insolencia frente a la verdad, hostil contra quienes negábamos sus razones y altanería ante las advertencias que unos pocos les hicimos desde el campo de la investigación, fue la que nos trajo el 11 M con su infame matanza ¿Que ocultaron a este país que dicen tanto aman conforme Aznar forjó un minigabinete de crisis con los señores Federico Trillo, Javier Arenas o Jesús Angel Acebes -entre otros-  y cuyosconspirativos documentos e informes desaparecieron? ¿Es que los lejanos desiertos y escondidas montañas a los que hizo referencia Aznar sobre los autores del 11 M no conducen acaso al Principado de Asturias y a la "Mina Conchita"?
 
Más no es mi intención aquí entrar a debate político alguno sobre temporales mediáticos del inmediato pasado y si a José María Aznar le hace sentirse más patriota recibir la ansiada medalla republicana del Congreso norteamericano que la de más doméstica del carolino Toisón de Oro, pero como periodista-arabista, por tanto, al servicio de valores cívicos no partidarios sí debo de reprocharle al sanedrín de este asilvestrado y contumaz grupo político su lamentable y profundo desfase cómplice frente al concepto de terrorismo para un solo bando y su escasa observancia de las reglas de juego democráticas cuando no son ellos los que gobiernan. Y lo digo en voz alta porque estos dos huevos de serpiente se alimentan dentro y fuera del mundo arabomusulmán a un ritmo de crecimiento dramático gracias a la permisiva tolerancia y apoyo contínuo que tienen los neoconservadores españoles hacia la política antiárabe del Estado de Israel y también sobre su defensa hipócrita y servil de la política conculcadora de los derechos humanos y del derecho internacional de la presente administración Bush en Wahington.
El alineamiento del PP con el ala radical del complejo militar-industrial anglosajón en su cosmovisión reduccionista y unilateral de la aventura en Iraq y la confusión interesada de la derecha española en torno a su "exculpación" dado su apoyo sonámbulo a ésta, es el mejor caldo de cultivo para sus contrarios yihadistas.
Mientras el presidente honorífico del Partido Popular, José María Aznar López, aboga por la inclusión del Estado sionista dentro de la OTAN y favorece los intereses sectarios del universo más neoconservador de EE UU, sus socios de partido proclaman que "lo de Iraq es el pasado" y, encima, pretenden hacer naufragar al Gobierno de la nación en sus compromisos ONU en Afganistán... Su rencor inquisidor e impericia democrática para saber administrar su derrota en las urnas un 14 M de 2004 ya les obliga a a radicalizarse y encastillarse tanto o más como en sus orígenes dictatoriales hiciesen los señores Aznar, Acebes, Zaplana y ese nomenclátor opusdesino, que añorando una democracia orgánica en sus años juveniles, les hizo bifurcar la vigente Constitución Española de 1978 con las caudillistas y extintas Leyes Fundamentales del Reino a las que tanto se debieron y tanto más acataron.
 
Mientras en los ocho años de Gobierno de Aznar y del PP se urdían secretas alianzas exteriores y se enrolaban en la aventura iraquí (donde España tenía "muchas y grandes cosas que ganar" según nos dijo el embajador de Jauja, Jeff Bush, hermano chico del presidente George W.) y la economía hacía posible que se necesitasen en el mundo laboral manos de fuera del país y los inmigrantes llegaban y llegaban, ante este fenómeno, se decidieron por expulsar de España a un primer grupo, en un avión y dopándolos con inocentes botellas de agua mineral, con ello ya indicaba el señor Mayor Oreja cómo su ideología cristiano-derechista enfocó este grave asunto humanitario frente a los irregulares magrebíes y subsaharianos.
Con anterioridad a este desaguisado, en noviembre de 1992, ya el Gobierno socialista de Felipe González sí que supo enfrentarse con acierto gubernamental a la dinámica producida por el asesinato alevoso por una banda armada de extrema derecha (comandada por el guardia civil Luis Merino) de la ciudadana dominicana, Lucrecia Pérez Matos, en Madrid. Estos dos polos van a significar, y mucho, desde esas fechas y hasta la actualidad cómo la derecha hispana más asilvestrada se solapa por simpatía dentro de las filas del Partido Popular en España y cómo la sensibilidad del progresismo humanístico de la izquierda plural y diversa hispana enfocó la temática de la inmigración -ya fuese irregular o no- con medidas mucho más civilizadas y con anclaje en el marco de la realidad legal.
El cruel asesinato de Lucrecia Pérez marcó un antes y un después en España sólo superado por los actos racistas y antimusulmanes de El Egido en general y antimarroquíes en particular en la provincia de Almería, una caldera xenófoba que se agitó y alimentó con la sensación gubernamental conservadora de indigencia frente a esta problemática social, laboral y cultural.
Este basamento de El Egido sería la segunda cadena de enfrentamientos con Marruecos (la primera lo fue el referéndum pro-Frente Polisario celebrado en Andalucía) y que tuvo como colofón el insólito episodio del islote Perejil, donde Aznar clavase su pica imperial y, a renglón seguido metiese a los EE UU en el juego del Estrecho y, luego, utilizó a Argelia de punta de lanza como socio privilegiado frente al "expansionismo marroquí". Esta ruptura del marco diplomático en el Mediterráneo Occidental y la consiguiente fachada atlántica, tardaría hasta la llegada de Zapatero a La Moncloa, en encauzarse debidamente tal como ahora ocurre. Y que dure.
 
Conforme España necesitaba de nuevas visiones eficaces para asimilar el cambio histórico de ser país de emigrantes a serlo de inmigrados, mientras la derecha hispana se empecinaba en agudizar la división en el eje norteafricano y miles de empresas (nada de izquierdas) se nutrían de una fuerza laboral irregular, mal pagada y mal vista de entrada, miles y miles de musulmanes magrebíes (principalmente marroquíes) se iban asentando como podían (como ya antes de ellos lo hiciesen cubanos, dominicanos y ahora ecuatorianos o bolivianos).
Las diferencias culturales de estos colectivos, sobre todo en materia de ataduras espirituales, fueron configurándose tan irregularmente que durante el último año de permanencia del PP en el Gobierno las autoridades españolas desconocían con datos en la mano la implantación exacta en España del número de mezquitas e imanes que pululaban por la Piel de Toro. Desconocían sus fuentes de financiación, aportaciones nada transparentes en las mismas y los fines político-religiosos a los que aspiraban. Era un tiempo donde yihadistas confesos reclutaban sin controles de seguridad a ciudadanos musulmanes de terceros paises (esencialmente magrebíes) para, posteriormente, atentar en la misma España. Esto último unido a la fusión entre delincuencia común y delincuencia político-religiosa de raíz y origen yihadista, contorneó al movimiento iniciático que atentó en Madrid un 11 M de 2004 (y que intentaron de nuevo hacerlo contra el AVE) y cuyos jefes, ya sí perseguidos abiertamente por la policía, se inmolaron en Leganés días después de la matanza de Atocha. Con el comunicado de sus autores implicando culturalmente a Tarik en el 711 y el apoyo previo e inmediato de Al Qaeda a la masacre (en vendetta por el apoyo del PP a la aventura iraquí) el "alto mando" del yihadismo asesino -desde entonces- no ha dejado de renombrar a Al Andalus y al islam medieval en cuantos comunicados estiman oportunos. Estas alusiones "míticas" muy bien orquestadas mediáticamente hacia el plano actual desdibujando con ello una nueva meta "la recuperación de Al Andalus" entronca muy generosamente con los miedos racistas de la derecha hispana, manteados por cuarenta años de dictadura franquista, dentro del engranaje psicológico y político-social de la más rancia derechona representada por el Partido Popular, los Legionarios de Cristo, el Opus Dei, los movimientos neocatecumenales, la extrema derecha unionista en general y los grupúsculos fascistas y neonazis en particular que ahora son el mortero faccioso que aúna en torno suyo el conjunto de esta derecha españolista escasamente europeísta y que ve su reflejo de poder futuro con los neoconservadores anglosajones y con su visión frentista y belicosa del mundo presente.
 
El Partido Popular y el islam tienen agendas y vasos comunicantes, eso sí, que se ajustan solapadamente según sus intereses del momento. Mientras clamaban contra el Gobierno socialista a razón de la inmigración irregular, olvidaban criticar o controlar la que, en lujosos yates de lujo, desembarcaba sin cortapisas de ningún tipo en Marbella o Puerto Banús y que no sólo financiaba mezquitas en garajes y cortijos. Sus alcaldes, reprimiéndose el don Pelayo de cómic que llevan dentro, inauguraban nuevas mezquitas en España (como la de Granada) con opacas, sospechosas e inquietantes actividades. Alcaldes del PP, concejales de este partido pro Conferencia Espiscopal Española y sus abundantes allegados clientelares -acudían todos en simpática turbamulta- invitados a la Península Arábiga por sus gobiernos teocráticos y rigoristas a conocer este área tan democrática e igualitaria, sobre todo, con los derechos de la mujer y las minorías no musulmanas. Esta complicidad, en el tiempo y desde que el señor Alvarez Cascos anduvo recorriendo múltiples carteras de Gobierno, abrió nuevas puertas con el islam más ortodoxo, con sus Estados teocráticos más impermeables a la modernidad y con algunas vitales empresas nacionales del mundo de la energía, además de forjarse nuevos negocios con otras inversiones fácticas de la industria armamentística.
 
Para no perder el paso hacia este puzzle islámico y arabomusulmán, el Gobierno de don José María Aznar carecía de información. Los accesos a información confidencial o secreta, en su mayor parte, venían dados por aportaciones y versiones anglófonas o francófonas. La carencia de informantes propios que dominasen la lengua árabe, los múltiples dialectos derivados de éste o el farsi iranio, era una venda en los ojos para los ambiciosos intereses gubernamentales del Gobierno Aznar y, lo que es más llamativo, un lastre muy pesado para recorrer eficazmente por las autopistas de los negocios globales que usan la suya propia, o sea el árabe, más allá del inglés funcional.
Por diversas razones que se relacionan con lo más arriba mencionado, se tomó la agencia de noticias progubernamental española Efe para introducirse más y mejor dentro del campo informativo de los paises arabomusulmanes. En este sentido se instaló a inicios de los años 90 del pasado siglo XX en Granada una sede que bajo la denominación "Efe Internacional Arabe" nos dijeron iba a ser "la puerta" donde la fluidez comunicativa entre el mundo árabe y España iba a acrecentarse. Y para tal fín se organizó una redacción que, como es debido, estaría acompañada de los traductores correspondientes del árabe al español y viceversa. Esta delegación internacional, ya a finales de los 90, contaba con pocos medios y menos clientes entre los medios informativos del mundo árabe, más aún así, continuaba funcionando como si tal cosa.
La información periodística es una cosa y otra los "otros tipos de información" que ya en Efe Internacional Arabe en Granada se daban la mano. En 1998 el FBI norteamericano investigaba por Granada a algunos miembros del equipo de traductores e intérpretes de esta delegación informativa entre los que destacaba un sirio-español llamado Taysir Alony. Antes de que las más altas torres de Nueva York ingresaran en el libro de récords terroristas contra la humanidad, servicios de inteligencia, nacionales y extranjeros, andaban por Granada recabando información sobre "redes islámicas", grupos musulmanes y con todo lo moro que se movía por la ciudad de la Alhambra. En estas fechas, Taysir Alony, visitó la Asociación de la Prensa de Granada para solicitar su ingreso ya que, al parecer, también era colaborador de algún periódico en lengua árabe (aparte de intérprete y traductor), pero el presidente en esos años y la junta directiva que comandaba le denegaron esta aspiración por "no reunir los requisitos necesarios".
Mientras se notaba por Granada una actividad inusitada de personas que no eran quienes decían ser, de serpientes con bolso y cocodrilos con gafas, de multiplicidad de periodistas difíciles de contrastar y de investigadores de todo lo moro que aún se movían (aunque ya se comentaba por la ciudad entre los musulmanes que había demasiadas personas extrañas haciendo preguntas pringosas) Taysir Alony, según se nos dijo, Efe le encomendó para irse a Kabul a trabajar. Pero mi sorpresa fue mayúscula conforme ví a mi apreciado amigo Taysir con un micrófono de Al Yazira en calidad de corresponsal de esta televisión qatarí; nada más y nada menos que en el entonces denominado Califato Talibán de Afganistán. Y para mí saber cómo pudo ser todo esto, confieso, continúa siendo más que un misterio un puro enigma. Y cómo pudo realizarse la famosa entrevista con Osama Ben Laden, como comprenderán, me supera pero cierto es que sólo hay posibilidad de entrevista si ambas partes afectadas se coordinan para realizarla.
El año de tan famosa interviú fue curiosamente la Asociación de la Prensa de Granada la que premió a Tayseer Alony con su premio internacional por la consecución de esta entrevista (premio que yo mismo le entregué en la gala anual un año después) y me reconfortó enormemente que unos años antes le ningunearan mis colegas granadinos por atreverse a pedir su ingreso en el colectivo periodístico local y, por artes que continúo sin dominar, ahora le premiasen con tanta profusión y boato... Y eso que ya la justicia española lo mantenía ocupado.
Por ello mi sesera periodística no termina de completarse conforme ya antes del 11 S el Gobierno conservador de Aznar jugaba a los espías por Granada y el FBI también ¿Realmente creen ustedes que no había información previa a que algo muy gordo estaba preparando la entonces escasamente conocida Al Qaeda? ¿Sabía Aznar que la entrada de España en el conflicto iraquí le iba a reportar un acto similar al 11S? Las decisiones tomadas por el Gobierno español de entonces fueron probablemente las más temerarias e insensatas que jamás un Gobierno constitucional haya tomado nunca en la reciente historia de este país ya que, ninguna de las tomadas, evitó que bajo su mandato España sufriese la furia del mayor acto terrorista cometido en su territorio... ¿Y para este suflé estaba Efe Internacional Arabe?  ¿Para difundir los contenidos de la cumbre de Las Azores? La respuesta dada vino después y el silencioso y hermético cierre de este cenotafio también.
 
El posicionamiento prosionista del PP y de su presidente honorífico unido a su estrecha relación con el complejo militar e industrial del lobby anglosajón dominante en EE UU y su enervada oposición a la Alianza de Civilizaciones propuesta por la ONU y a la negación de una Europa fuerte, está metiendo al Partido Popular español dentro de lo que nunca, bajo su férreo control partidario, deberían haber permitido sus militantes; Manuel Pimentel no lo toleró ni como militante ni como ministro. Los diputados de este grupo político que votaron sí a la aventura infame de Iraq y corean su antieuropeísmo españolista en dosis políticas similares a las esgrimidas por el presente Gobierno ultraderechista de Polonia, les posiciona dentro del arco preferido por Washington en su estategia en Europa y por ello, Mariano Rajoy con su núcleo duro prointervencionista se siente "reserva de Occidente" y en esta ocasión, nada espiritual ni mística, sino todo lo contrario. Conforme Bush hijo ruge desde la Casa Blanca, en España, Aznar, Rajoy, Acebes, Zaplana, la cólera de Aguirre y el resto del PP, ponen la marabunta.
Esta alineante cultura bélica del unilateralismo visto como una "cruzada" anima y mucho a sus dos polos. Uno el correspondiente a esta facción occidental-prosionista. Otro lo es su contrario; el islamismo yihadista. Ambos se alimentan e interactivan mutualmente a través del mapa mundi y según que región o continente, se enfrentan o combaten sin límites legales ni componendas internacionales. Es aquí donde don José Luis Borges pone potente foco de luz y advierte que para denunciar el canibalismo solo basta con no practicarlo. Por ello si Abu Graib, Guantánamo, los miles de secuestrados vía aérea, la tortura inquisitorial y la bomba inteligente son las picas flamencas de los nuevos "cruzados y sionistas", sus contrarios, no escatiman tampoco en ocasionar daños irreparables contra los otros inocentes... Y que justamente también son los nuestros.
Así el reclutamiento de yihadistas para trasladarse al Asia Central u Oriente Medio e inmolarse por Allah para alcanzar el Paraíso del justo, se realiza preferentemente en Occidente, sobre todo en Europa y dentro de ella, España es uno de los paises elegidos. Se estima que, al menos, seis yihadistas por mes se han ido trasladando desde España al Asia Central y otros lugares de conflicto desde el 11 M de 2004 ¿Se imaginan a un centenar de musulmanes yihadistas hispanohablantes en Afganistán barriendo las ondas de radio de las tropas españolas allá desplegadas? ¿Se los imaginan controlando sus lugares de ocio, trabajo y alrrededor de sus bases? ¿Recuerdan cuántos agentes del CNI cayeron abatidos en emboscada tan simple como traidora durante el sonámbulo Gobierno Aznar en Iraq?
Mientras se mantenga este reto perpetuo entre contrarios despiadados y donde los "gorilas de ochocientas libras" (según comentase doña Condolezza Rice a los ministros europeos de Exteriores) se te sientan tanto en la mesa de los gringos como en la de los moros, ningún espacio estará seguro dentro de este contexto perverso y luciferino. El Reino de España, tras el 11 M, continúa siendo objetivo estratégico de Al Qaeda y sus franquicias político-religiosas instaladas en la yihad global. La existencia de un Gobierno socialista y muy comprometido con los valores posmodernos, democráticos y cívicos no partidarios, no exime a España de potenciales nuevos atentados. Pienso que tal como la coyuntura internacional se está contorneando, el principal eje de trinchera (aparte las acciones que puedan superar a las de Atocha) se ha desplazado al norte de Africa. Son preferentemente las ciudades coloniales de Ceuta y Melilla y el Reino de Marruecos (junto con Túnez, Argelia, Libia y Egipto) los espacios superiores para nuevos actos terroristas. El espacio inferior circundante lo compone el área que va desde el Cuerno de Africa, por todo el Sahel subsahariano, hasta Mauritania y los límites del denominado "Continente de las Tinieblas".
Más en esta disertación reflejo más mi óptica hacia el norte africano y área ibero-magrebí, un lugar de por sí inestable por razones obvias y un espacio resentido políticamente gracias al enfrentamiento poscolonial entre Madrid y Rabat, París y Argel y entre Rabat y Argel, donde también hay que tener en cuenta al propio Frente Polisario y sus legítimos derechos nacionales en el antiguo Sahara Occidental.
Es en este marco incompleto donde el islamismo yihadista-magrebí se está reunificando bajo la protección de Al Qaeda y su doctrina. Al enquistarse y encastillarse este refrito de políticas poscoloniales europeas y de vanguardia islamista, donde una y otra opción están condenadas a exterminarse mutuamente, es Al Qaeda, el salafismo marroquí, tunecino, argelino, libio y el potente motor de los Hermanos Musulmanes en Egipto, el que está ganando la partida a la asimetría de sus enemigos. Por ello no es de extrañar que la nueva configuración islamista para todo este vasto espacio sea la de superar estos Estados nacionales proclamando un único "Califato Magrebí" capaz de elevar su autoridad desde Tánger a la Península del Sinaí. Y esa es la principal misión que tiene Al Qaeda en el Magreb.
 
Durante 2006 sucedieron hechos en este área que han sido reconocidos más no explicados. Públicamente Rabat, que ya acusó antes de la presente luna de miel entre Marruecos y España a Madrid, a los servicios del CNI español, de intentar dar un "golpe de Estado" en Marruecos, donde incluso se acusó al inocente corresponsal de un diario madrileño en el reino alauita de ser espía español, procuró al poco tiempo de publicada esta noticia echar tierra sobre este asunto; y se silenció. Más al poco tiempo, Rabat, reconocía que había habido un intento de golpe, desarticulado, donde había conspiradores varios; policías y militares de tierra y otros del arma aérea. Con estas detenciones, inquietantes para un sistema cuasi medieval donde toda delación es ley, no se explicaron creíblemente las intenciones de los conjurados y no se dice si éstos pertenecían a movimientos político-religiosos organizados al margen de la ley oficial del régimen de Mohamed VI. Por esto mismo, se especula que este intento venía de este espacio religioso yihadista.
 
Al poco tiempo, Bruselas, anunciaba una abortada campaña terrorista, esta vez, en la misma Bélgica. Los detenidos tenían tal arsenal que si no hubiesen sido arrestados, sus atentados hubiesen sido dantescos. Los detenidos eran infiltrados neonazis dentro del Ejército, un grupo de los dieciocho de ellos eran provenientes de la misión que en Afganistán mantiene el Reino de Bélgica... ¿Encuentran ustedes alguna relación entre ambos intentos de golpe?
Aparentemente no. Más como las apariencias engañan intentaré aportar mi propia cosmovisión al respecto. Quiérase o no, las tropas destinadas en conflictos abiertos también participan (no pocos de sus integrantes) en situaciones no regladas tanto afectiva como socialmente. El síndrome por el cual los soldados de la ONU destacados en zonas de guerra africana que, a su vez, abusaron sexualmente hasta de las niñas nativas de esos lugares, todavía anda estudiándose. El otro síndrome, el de Srebrenica, por el cual el mando ONU es capaz de brindar con champán con los que van a matar sistemáticamente a 8.000 hombres bosnio-musulmanes desarmados y cautivos, ya nos dice de lo intrincadas que suelen ser las ocupaciones militares en zonas desgarradas. O ¿Acaso Afganistán, Palestina o Iraq no lo están ya?
Creo que entre el intento de golpe de Estado en Bélgica y el intentado en Marruecos, dígase el belga con insurgentes armados neonazis y el marroquí con insurgentes armados yihadistas, existen vasos comunicantes pues en ambos casos éstos se producen en las dos retarguardias del Mediterráneo Occidental; y casuística haberla, hayla. Y ambos pueden tener sus orígenes en Afganistán, Iraq o Turquía. Más ¿Pueden los neonazis y los yihadistas reconocerse mutuamente y colaborar en coordinación? ¿Alguna vez lo hicieron?  ¿Hay relaciones al día de hoy entre movimientos yihadistas y organizaciones neonazis? ¿Hay un islam neonazi? ¿El islamo-fascismo qué es y tiene quien lo financie? Intentaré darles respuesta a estos interrogantes.
 
Históricamente la afinidad entre el mundo germánico y el islámico existió mucho antes que Hitler y se ha mantenido más allá de su muerte. Incluso hoy sabemos cómo la propia Alemania democrática vendió meses atrás submarinos atómicos al Estado sionista o cómo suministró a Libia o Iraq centrales nucleares y químicas hace una década o, incluso cómo el espionaje alemán adiestró a agentes iraníes hace bien poco... Un siglo le bastó a los alemanes reunificados en 1870 para desparramar de agentes secretos por toda Asia Central y el Medio Oriente buscando siempre favorecer a su país frente a sus tradicionales enemigos coloniales británicos y franceses. Mítica ya es la figura del barón Max von Oppenheim y de su inseparable acompañante, el mayor Ludloff, singulares personajes divinos en el arte del espionaje militar que acompasaban con sus oficiales ocupaciones de "arqueólogos" los caminos del enemigo. Brillantes fueron: Preusser, Wassmuss, Grobba, Von Nierdermeyer o Von Henting; de diplomáticos como Von Papen, más tarde ministro de Exteriores con Hitler, o Von der Goltz, asesor en su día de Pancho Villa; e incluso banqueros como Mannesmann, quien mantuvo contactos regulares con los rifeños alzados contra España. Uno de lo agentes británicos que siguió los pasos de los alemanes hasta el punto de infriltarse entre ellos y sabotear sus operaciones fue un árabe de nombre Ahmed Jamal. Su verdadero nombre fue Aaron Aaronson, y era en realidad un judío educado por el barón Rothschild, que años más tarde iba a convertirse en el fundador del servicio de inteligencia israelí: el Mossad.
Todas estas actividades germánicas hicieron posible que en la I Gran Guerra, Turquía, se pusiese al lado de Alemania. Si los británicos crearon a Lawrence de Arabia, ellos crearon a Hermann Frobenius (Abdel Karim) que ganó para Alemania el favor de no pocas de tribus beduinas y realizó para Alemania iguales hazañas que Lawrence para la Gran Bretaña. Esta corriente orientalista germana introdujo en Alemania una serie de hallazgos arqueológicos y gnósticos (fruto de sus masivas campañas arqueológicas) que, como la cruz gamada de origen hindú, posteriormente iban a engrosar las veleidades míticas de la génesis iniciática y del panteón del nazionalsocialismo.
 
En 1933 ya Hitler le encargó al maduro Von Grobba pontificar Alemania con el mundo islámico ya que, Francia y Gran Bretaña, vencedoras de la I Gran Guerra, se lo habían repartido. Influyeron sobre Hitler para que éste comprendiese la importancia vital que contenía un mundo extendido desde el Medio Oriente hasta la India; y lo consiguieron. En 1936 Hitler ya reclama una cooperación total con respecto al mundo islámico entre el Abwehr -los servicios de inteligencia dirigidos por el almirante Canaris-, el Ministerio de Asuntos Exteriores, en concreto la sección de Oriente Próximo, y el departamento colonial del partido nazi, que llevaba el general Von Epp.
Estos trabajos van dando sus frutos y una briosa campaña nazi en toda la zona invita a su población a rebelarse contra las potencias coloniales. Esta forja va moldeándose y logra atraer a Alemania a líderes nacionalistas árabes como el emir Chaquib Arsalan, director del Centro Panislámico de Ginebra, el socialista egipcio Ahmed Hussein, o el propio muftí de Jerusalén, Amine el Husseini, cabeza visible del Islam para todo el mundo.
Unos 70.000 musulmanes fueron enrolados en la Wermach y en las SS-Divisionen conforme la II Gran Guerra se desató. Estos soldados musulmanes euroasiáticos combatieron en muchos frentes bélicos; Normandía, norte de Africa, los Balcanes o el Cáucaso. Encuadrados en divisiones musulmanas u otras unidades que iban cambiando con el acontecer batallador de la contienda, supusieron para el III Reich un buen elemento a su servicio. La complicidad nazi frente al Islam, utilizado por Hitler como una nueva arma contra Londres y Moscú, creó una vasta red de simpatías donde incluso, una facción chií, creyó ver en Adolf Hitler al decimotercer profeta del Islam. Las legiones musulmanas del nazionalsocialismo obtuvieron por parte del alto mando alemán valoraciones diferentes, pero fueron los nazis unos deferentes aliados ya que, sus musulmanes encuadrados en sus unidades militares, disponían de imanes propios, mezquitas y todo lo que el ritual espiritual islámico necesitaba. El decreto de Guerra Santa (Yihad) de los musulmanes contra Gran Bretaña, Unión Soviética y demás aliados, fue emitido por las ondas de radio Berlín por el gran muftí de Jerusalem, Amine el Husseini, quien en sus emisiones en árabe por el éter continuó realizando nuevas llamadas para la yihad que, además, tuvieron su eco en los frentes del Este.
De todas las tropas muslimes encuadradas en las filas nazis, la más conocida (por su crueldad y fanatismo) fue la SS "Handschar" donde sus componentes se cubrían la cabeza con un fez rojo y autores en el mayor campo de concentración de Yugoslavia (Jasenovac) de fechorías innombrables contra miles de inocentes serbios. Esta división fue la que prestó a Hitler en la primavera de 1945 en Berlín su postrero aliento bélico ya que fue la última unidad en dejar de disparar contra los rusos. Incluso tras la conclusión del nazismo y el imperialismo nipón, regímenes incipientes del nacionalismo árabe dieron refugio posteriormente en El Cairo o Damasco a algún jerarca nazi relacionado con el mundo árabe tanto como en Marbella o Alicante lo consiguieron otros.
 
La creación en 1948 del Estado sionista tras una larga e implacable campaña terrorista judía primero contra los británicos, luego contra los palestinos, los sirios, los libaneses, los egipcios, los jordanos, los árabes en general y los palestinos siempre en particular, ha ido despertando entre la opinión pública musulmana y araboislámica cierta simpatía por el mundo germánico de época nazi. Donde la figura de Hitler y su obra "Mein Kamp
(Mi Lucha)" logra editarse en Líbano en lengua árabe durante 1996. La posterior actitud beligerante del primer ministro iraní, Ajmadineyad, sobre las conclusiones occidentales sobre el Holocausto y las contínuas sugerencias iraníes al respecto de cómo Israel hoy trata a los no judíos, han puesto sobre la palestra internacional que, los métodos empleados por el Ejército sionista y su Administración de Estado contra la población palestina y árabe, se asemejan entre los tiempos a los que los judíos europeos recibieron de los nazis. Incluso un premio Nóbel de Literatura de la talla humanística de José Saramago denunció en el mismo Israel (de donde se le expulsó por mandato del general Sharon) este insólito"apparheid" que tanto se asemeja a lo que sufrieron a manos de los nazis los propios judíos.
Con este damero maldito entre la extinta "conspiración germánico-islámica" y el presente sólo deseo indicar que ni todo lo que reluce es árabe malo ni todo lo ísraelí que acontece es sionista bueno. El legado más terrorífico que la humanidad hereda del nacionalsolicalismo es que introduce el asesinato industrial en nuestra memoria colectiva. Y además, establece protocolos de anulación y propósitos para el genocidio moderno que del Berlín mágico de Hitler pasan a las manos rusas, a las americanas, a las francesas y británicas... Y luego a las israelíes. Este aprendizaje para el exterminio del contrario, gradualmente aplicado, sin que le tiemblen las manos por ello, y que va pasando espartanamente de un gobernante sionista a otro, puede ser uno más de los factores por los cuales las masas araboislámicas simpatizan con ciertas actitudes iraníes, más arriba descritas, donde el enemigo histórico de Israel (el nazismo) el propio sionismo de Estado necesita mostrarlo periódicamente y convencernos mediáticamente de que todavía existe ya que, si se certificase su defunción desde hace más de 50 años, el victimismo de Israel correría el riesgo de verse reflejado ante sí mismo y por sí mismo como el mejor alumno post mortem  (tras Sudáfrica) de un renacido neonazismo a la sionista.
 
Es en el conjunto de todo este contexto donde publiqué en 1998 mi libro proscrito "La Mezquita de Babel". En él glosé cómo en Suiza a partir de iniciados los fértiles años 60 se reinicia un neonazismo vital que ya hoy tiene tres ramas definidas. Una la propia de su brutalidad ideológica amamantada por sedimentos muy violentos, pero exentos de inteligencia política adscritos a movimientos juveniles aculturales como son los denominadosskind heads; de raiz tanto germánica como anglosajona. Otro los propios manejos y urdimbres del Estado sionista que, como ya acá he reseñado, está muy familiarizado en intervenir de cualquier manera, tanto ultraviolenta como sibilinamente, dentro y fuera de la casa de los árabes. Conocidos son ya los intentos exitosos orquestados por Tel Aviv para destruir a la OLP de Arafat y al propio Arafat, apoyando como hicieron a Hamás y Hezbolá. Con ello el irreductible sionismo de Estado se aseguraba, como ahora ocurre, dividir al pueblo palestino para garantizarse mayores anexiones territoriales y con ello anular la vía palestina para construir un Estado digno de tal nombre.
Y la tercera dentro de esto último, también Israel, en Europa y América, participa a través de terceros y cuartos en aprovechar al máximo la falta de estructuración jerárquica del Islam para infiltrarse y así reconducir, tal como hicieron con Hamás, movimientos islámicos a modo de nuevas cofradías capaces de confundir para dar imagen de integridad musulmana, pero que de puertas adentro y sólo para los elegidos, en realidad son sectas peligrosas, tapaderas para futurable terrorismo durmiente, o simplemente terroristas comandadas por un líder "supremo" que, a la par y en este caso, sincretiza el Islam con el nazismo tal como ocurre en la denominada Comunidad Islámica en España (antiguo Movimiento Internacional Morabitún), radicada en la ciudad de Granada que, compuesta por pseudomusulmanes europeos conversos al Islam, se autodefinen como "la puerta de reentrada del Islam en Europa". Para quienes le entretengan las cábalas que sepan que ésta extraña mezquita propiedad de esta secta sincrética y nazi-islámica su primera piedra la puso un alcalde granadino del PP muy amigo del señor Alvarez Cascos y todo un ministro marroquí de Asuntos Religiosos y que, años después, otro alcalde granadino del PP la inauguró como si se tratase de un nuevo tramo de autovía hacia el Paraíso.  
 
Por todo lo anterior, se observará que sí hay intereses creados en torno al Islam que no necesariamente están nucleados ni por los musulmanes suníes ni por los chiíes. Sus enemigos también participan interfiriendo, allí donde pueden, para indisponer al Islam contra Occidente y, con ello, arrimarse el ascua energética y las simpatías políticas a su injusta causa. El "islamo-fascismo" no es otra cosa que un invento mediático protosionista de la Casa Blanca que, exibido como un espantajo, intenta endulzar su causa belicista que, al inicio de su destape guerrero, ya se apresuró a denominarla sin ambages "nueva cruzada".
Las conexiones interesadas entre el Islam fanatizado y el nazismo cómplice de nuevo cuño puede que no vengan dictadas de abajo arriba sino todo lo contrario. Históricamente he reseñado muy someramente cómo lo fueron en un mundo y en un tiempo que ya jamás retornarán por igual camino. Sin embargo en estas horas de nuestro tiempo presente, con nuevos actores en lucha contínua en Oriente Medio, Asia Central, el Magreb y hasta en la filipina isla de Joló, tanto el Islam desenfocado, como el nazismo renacido y reutilizable, son dos armas diabólicas que agitadas maquiavélicamente por un bando o su contrario, continúan siendo armas de destrucción masiva, en este caso, tan silenciosas como dañinas en su némesis de odio mutuo; como las dos primeras fases que describen la inmediata aparición letal de una plaga de langosta.
Los extremos en liza, no sólo se tocan, también colaboran entre sí para alcanzar sus fines sin importarles los medios para alcanzarlos (la entrevista de Al Yazira a Ben Laden lo fué). Todo vale para anular al contrario y es porque no triunfe este luciferino concepto por lo que debemos deslindar muy sabiamente la mala yerba yihadista del laborioso grano musulmán, Y cívicamente, sin módulos partidarios, acorralar a los movimientos que apuesten por el odio social y recusar a todos los Estados que los alientan y promueven; que financian y apoyan con infames mezenazgos y patrocinios. 
El Al Andalus (con Sefarad) que diese alma a la humanidad desde la Península Ibérica no ha muerto. Está dentro de lo que hoy es España y Andalucía. El Reino de España es, quiérase o no, el legítimo heredero de su cultura y su pasado tanto como lo represente el principado de Asturias, pues Covadonga en su minúscula belleza interior como Medina Azahara en su excelsa grandeza, son parte vital del sustento de la propia España. El uno no hubiese existido sin el otro y, entre ambos modelos, nos han legado lo que hoy somos. Invocar desde la frontera paquistaní que "hay que recuperar Al Andalus" resulta por tanto un argumento estresante y baldío esgrimido sólo con la finalidad política de recrear la inquietud y, a ser posible el miedo, en Occidente.
Lo que sí ocurre es que, de cara al universo islámico, este argumento visto como propaganda alqaedista continúa siendo un aldabonazo de rebeldía antioccidental que resuena, y mucho, en la maltratada conciencia de los árabes y musulmanes en sus paises y Estados. Y esto último es lo que habrá de corregirse internacionalmente con la proyectada Alianza de Civilizaciones, donde España tiene la misión de recuperar para Oriente y Occidente, para el Norte poderoso y el Sur modesto, el gran puente califal cordobés que en su día hermanó la orilla andalusí del conocimiento místico de Ibn Al Arabi con el humanismo hispánico y universal de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz en la Europa del medievo.  
La presunta meta de un nuevo Al Andalus dentro de las invocaciones propagandísticas de Al Qaeda no nos resultarán otra cosa más que la de recordarnos -a unos y otros- que la pervivencia de su mito continúa siendo un asunto rentable para su tan eficaz como dinámica publicidad político-religiosa y un instrumento imprescindible para reclutar yihadistas con los que continuar extendiendo asimétricamente su influencia nihilista.
 
Muchas gracias por su atención.